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A las 6 y pico

CONFESIONES DE MI ABUELO

CONFESIONES DE MI ABUELO

Cuando me miro al espejo
pienso que debo estar loco,
porque al asomar la gaita
parece que mira otro.

De las orejas me salen
cuatro cerdas y un mechón,
que más parecen el rabo
o el hocico de un lirón.

Las narices, igualmente,
son más anchas y peludas,
con dos túneles y puente
que cabe el Templo de Judas.

Dos ojillos lagrimosos
raramente puedo ver,
que se hacen revoltosos
cuando ven a una mujer.

Mi cabeza es un melón
encima de un trasto viejo,
con pelusa de ratón
o pelambre de conejo.

Por mi rostro van canales
como los cauces de un río,
pero como “secanales”,
porque el agua se ha “perdío”.

No entiendo cuando se dice
que la vejez es hermosa,
porque es como decir
que la adelfa huele a rosa.

Arrugas, manchas y bultos
en tu cara se recrean,
sin mencionar los defectos
que en el cuerpo te sablean.

Pensando que el viejo es sabio
¡no me vengas con sermones!;
porque muchos confundimos
los garbanzos con melones.

Si luces boca sin dientes,
tu lengua se balancea
como medusa batiente
movida por la marea.

¡Qué asco llegar a viejo!,
se te amontona el tocino,
se te engurruñe el pellejo
y andas como un cochino.

El gusanito

El gusanito

Sigo teniendo un gusanito de duda, y no deja de ser un gusanito al que invito una y otra vez y sigo invitando a que me deje la cabeza toda llena de agujeros. Agujeros que no dejan de ser, por otro lado, la parte más auténtica de mi ser. Y me importa que me digan "oye, tienes la cabeza llena de agujeros", porque entonces les miro como si fuera el gusanito, ellos me invitan a que les agujeree la cabeza, y yo no puedo negarme porque ya soy el gusanito o la duda. Sigo siendo un gusanito con un gusanito dentro, un cerebro agujereado que come cerebros, pero tampoco dejo de ser el agujero que dejó el gusanito.

Sí, estas son cosas que pasan. No se trata de literatura fantástica. En medio de una vida de lo más normal, uno va a comprar el pan, se hace la cama, ríe, friega la cocina o escribe, y entonces se da cuenta del gusanito, de que tiene la cabeza agujereada, y de todo. Entonces, uno es un gusanito, o un agujero, o una duda que compra el pan, se hace la cama, ríe, friega la cocina o escribe.

Claro, que el gusanito no es sólo agujero, vacío, o duda, porque entonces no podría ser gusanito. El gusanito también tiene sus certezas. Por ejemplo:
Uno siempre está solo, o perdido, o ambas cosas.
La vida tiene que ser algo más que ir a comprar el pan, hacerse la cama, fregar la cocina, escribir, e incluso reír.
Estar llena de agujeros es el estado natural de una cabeza.
Existe algo que deberíamos comprender, pero no podemos comprenderlo.
La única salida es ser gusanito.

La vida (miniteatro alegórico)

El escenario está oscuro. Lentamente se van encendiendo las luces y se ve que hay dos personajes, en un escenario vacío (para favorecer la movilidad): la Vida y el Hombre.
El Hombre puede ser sustituido por una mujer, un niño o una niña.
La Vida puede ser representada por un hombre, una mujer, un niño, una niña, un hombre y una mujer, un niño y una niña, un hombre y una niña, una mujer y un niño, un chimpancé amaestrado, un batallón de chimpancés amaestrados, una marioneta, etc.


ACTO ÚNICO

(El Hombre se mueve por el escenario rápidamente, paseando de un lado a otro, como nervioso; la Vida le sigue, sin quitarle la vista de encima)
HOMBRE: ¡Ah, la vida, la vida!
(El Hombre se detiene y vuelve su mirada hacia la Vida; ésta gira la cabeza, turbada; el Hombre se encoge de hombros y vuelve a pasear por el escenario, mientras la Vida le sigue como antes)
HOMBRE (deteniéndose y volviéndose hacia el público; la Vida sigue mirando al hombre): ¡La vida lo estropea todo!
(se reanuda el paseo y la persecución, hasta que vuelve a detenerse el Hombre)
HOMBRE: Uno tiene sus planes... (Saca un papel del bolsillo y se lo entrega a la Vida) ¡Pero la vida los lee al revés!
(Efectivamente: la Vida mira el papel que le ha entregado el Hombre y se vuelve hacia el público, que puede leer "Plan" escrito al revés en el papel)
HOMBRE: ¡La vida es una torpe! Lo estropea todo.
(La Vida manosea el papel hasta dejarlo todo arrugado; el Hombre ve esto, baja la cabeza, y vuelve a pasear por el escenario; la Vida tira el papel al suelo, y sigue al Hombre)
HOMBRE: Y lo peor de la vida... lo peor es que ¡Nunca dice nada! (Se detiene y se vuelve hacia la Vida, que gira la cabeza, turbada) (gritando, bastante exaltado) ¿Por qué arrugaste el papel que te di?
VIDA: ...
(El Hombre se encoge de hombros y sigue paseando)
HOMBRE: Claro, que hay quien dice que aprende lecciones de la vida... (se vuelve hacia la Vida, que gira la cabeza, turbada) ¿Qué opinas de eso?
VIDA: ...
HOMBRE: (gritando) ¡Eh! ¿No dices nada?
VIDA: ...
HOMBRE: (gritando más) ¿Qué lecciones tienes que enseñarme?
VIDA: ...
(El hombre crispa los puños, avanza hacia la Vida, que retrocede un par de pasos; el Hombre se queda mirando a la Vida, que esta vez sostiene su mirada; el Hombre tiembla, de pronto se da la vuelta y sigue paseando por el escenario, más rápido que antes y dando grandes pasos)
HOMBRE: (gritando y con gran patetismo) ¡Y que a pesar de todo uno tenga que encariñarse con esta torpe, con esta sorda, con esta... vida!
(El Hombre sigue paseando un rato por el escenario y la Vida le sigue, hasta que de pronto se da la vuelta y abraza a la Vida; ésta sonríe un segundo, y luego aparta al Hombre delicadamente; éste mira un segundo a la Vida - que le sostiene la mirada -, y luego se da la vuelta y pasea por el escenario, mientras la Vida le sigue sin quitarle la vista de encima, y las luces se van apagando poco a poco)

FIN

DES-APARECIDOS

DES-APARECIDOS

dios te ampare
o mejor
dios te reviente.
M.B.


Se hizo noche. Una oscuridad imperturbable tiñó el día. Los amaneceres grises vestían el azul del cielo. Las flores fueron perdieron su color, los árboles pintaron sus troncos de blanco, las hojas caídas no volvieron a brotar con la primavera. El invierno se hizo perenne. Un silencio que dolía envolvía el crepúsculo. Las calles quedaban vacías. Solo el dolor y el miedo deambulaban libremente.
Yo no sé nada. No lo conozco. No sé quién es. No tengo idea de lo que me habla.
Angustia, miedo, tormento, suplicio.
Gritos arrancados desde las entrañas. Quejidos agudos que quiebran la mudez de la madrugada. Cuerpos rotos, violados, despedazados. Las paredes hablaban lo que las bocas callaban.
Diez años de mutismo, de olvido exigido, de ceguera obligada. Los sentidos fueron privados de su libertad. No se puede tocar. No se puede oír. No se puede hablar. No se puede.
Familias fragmentadas. Amigos desvanecidos. Preguntas sin respuesta.

Las largas botas negras vestían el asfalto. Cabezas gachas, espaldas curvadas, sonrisas desdibujadas, miradas de temor se entrecruzaban en las esquinas.
No me mires. No me hables.

“y usted preguntará por qué cantamos...
cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota”


M.

Internautas

Internautas

La fauna chatera, diversa, tal vez para algunos despersonalizada, día a día va ganando más adeptos, acaso por soledad, al principio por curiosidad, no importando los motivos, todos nos reunimos diariamente a intercambiar vivencias, sueños, fantasías, utopías.
Y en ese submundo, impersonal y fraterno a la vez, se intercambian saludos, ubicaciones territoriales, ocupaciones, edades, estados civiles, costumbres, gustos, hobbies, creándose redes humanas, lazos de amistad, de compañerismo, adversidades y amores.
Así como un gran mago el chat logra satisfacer deseos, cumplir sueños, trascender límites, hacer posible lo imposible, cada uno con su bagaje de frustraciones, anhelos, tratando aunque sea por breve tiempo, sentirse rey o reina en su propio mundo.
Tal vez la necesidad de búsqueda de sus propias aspiraciones no permita a cada uno precisar cual es el eco que sus palabras tienen en el otro, qué significado se le darán, y por tanto, no medir las consecuencias.
En esta miscelánea de quimeras, se van gestando, desarrollando esperanzas, que algunos tan solo las necesitan como la sed y el agua para seguir viviendo y otras, quizás los menos, las hacen palpables.
En este submundo conocemos personas, hacemos amigos, al igual que todos al principio canjeamos reseñas, particularidades, fotos, sin pensar en un posible y futuro encuentro.
Pero una vez más el destino, la vida, tal vez esos rostros plasmados en una fotografía, vuelve a reunirnos, para así sin proponérnoslo comenzar una amistad, la cual va creciendo chat tras chat, descubriéndonos tras una pantalla que nos invita a soñar juntos, a dejar volar la imaginación y pensar que no existen territorios ajenos.
Día a día, luego de cada encuentro los afectos van surgiendo y creciendo, preguntándose por qué todo este acervo de cariño pudo despertarse y ahora luego de instalado, atrincherado, qué hacer con él.
Cada vez que la pantalla se enciende y el nick surge, el corazón palpita más rápido, cosquillas en él estomago nos provocan risa y una gran sonrisa se dibuja en nuestros rostros.
El "te extraño" son la tarjeta de presentación, ahora combinándose con "el te quiero" y un sinfín de palabras tiernas tiñe el visor de colores de sensualidad, romanticismo, pasión y erotismo.
Las horas transcurren sin darnos cuenta, conjugando vivencias, aspiraciones, esperanzas, fantaseando con un futuro juntos al igual que en los cuentos de niños con finales felices, pero la realidad golpea, cuando la hora de despedirse llega y el computador se apaga.
En el silencio de nuestras guaridas, las palabras aun juegan en nuestra mente, tratando de encontrar la salida a este laberinto de pasiones y delirios.
Mientras tanto, las comunicaciones son el impulsor del diario vivir, al igual que las ilusiones; las palabras se leen colmadas de felicidad, ternura, afecto fortaleciendo aún más los sentimientos.
Quizás todo este universo propio del chat, que nos convoca a diario, nos lleva un día a revelar los rostros que se esconden tras los monitores, cada uno con su historia bajo el brazo, con el libro de anotaciones, con los sueños compartidos y atesorados vamos al encuentro.

la línea de todo

la línea de todo

En la línea donde se mata el cielo a la tierra,
donde se encuentra la ingravidez de las miradas
que buscaron el horizonte de las respuestas,
allí, dicen, que se aprende a esperar el invierno.

Donde el mundo no grita los colores sin otoño,
sino que los susurra, como hace el aroma
cuando se impregna con la humildad de otra piel,
allí, dicen, que las manos saben de todos los tactos.

Tienen la seguridad de lo que no será seguro,
y la alimentan con la incertidumbre, y su principio,
en danzas tatuadas con respiraciones urgentes,
mezcladas boca a boca, para no dejar de respirar.

Allí la verdad no tiene que ser siempre lo cierto,
ni el mañana tiene comprado el ser hoy algún día,
allí sólo valen las prisas, sin tiempo para las prisas,
y la ola azul con plata, que se hace blanca, en su hola final.

© pokit in a pocket “la línea de todo”

PEQUEÑECES

PEQUEÑECES

Líbranos, Señor,
de encontrarnos
años después,
con nuestros grandes amores.
Cristina P. Rossi

Recuerdo bien cuando te conocí. No sé qué fue lo que llamó mi atención, quizás tu pequeñez. Pero a medida que te fui descubriendo, me di cuenta que esa poca cosa era tan grande que apenas podía abrazarte.
Eras tan sólo palabras que se iban dibujando poquito a poco. Te fui imaginado a mi antojo. Ésta es la magia de la ficción. Cada cual es lo que uno quiere que sea y viceversa.
Y no me deslumbró tu realidad. Fueron tus letras las que me llegaron. Ellas tomaron cuerpo, se hicieron palpables y te hice posible.
Pasábamos las noches sentados, escuchando buena música, de ésa que nos penetra hasta las entrañas, acompañando la charla con un buen vino y la madrugada nos atrapaba siendo nuestra cómplice.
Tu voz suave se alojaba en mi oído, como si fuese una nana, y me ovillaba en tus piernas mientras acariciabas mi pelo. El miedo quedaba fuera. Me sentía tan pequeña y tan grande a la vez entre tus brazos que al despertar te buscaba y sólo allí comprendía que eras sólo un sueño.

No es literatura

La vida es una comedia
de la que si no te ries,
te mata.

Siempre llega la muerte
disfrazada de huracán impredecible
y la única victoria
sería,
poder elegir
cuándo y cómo.

No tengo ya, ni voz ni silencios,
no me quedan llantos
ni una torpe sonrisa
vacía.

Sintiendome parte de la nada
sin oídos en los que volcar mis palabras,
vuelven las yagas a una boca ensangrentada.

Llega la hora de morir
de salir de mi para encontrarme
en otro cuerpo,
sin conflictos, ni derrotas.

Teñido de rugido
el ocaso llega nuevamente
a cegar esa parte de la mente
que nos daña.
la decepción.

No es literatura,
es el joven poeta que se desvanece
a los pies de un sepulcro imaginario.
Con la única compañía de la agonía
de quien se ahoga en un océano congelado.

La agonía de los días en los que muere
para volver a resucitar
bajo otros misterios, otros cuentos,
para volver a resucitar
en otro cuerpo
sin conflictos, ni derrotas.

memoria filosofal

memoria filosofal

Bajo las baldosas rotas que tiene el suelo,
y en los estantes a los que no llegará nadie,
guarda la memoria el olvido de la física,
rodeándola con el aire incoloro
que no llegó a saber que era aire.
No espera a ningún tren que la lleve lejos,
ni la llegada del aroma, que mezcla el azahar,
con la cal estrecha que se pasea en la piedra,
caminada, ya de tarde, en pasos por las aceras.
Sólo contempla la lejanía de los astros sin tiempo,
mientras en sus cosas se crea la “no-materia”,
haciendo de la fugacidad un nombre de estrella,
que brilla desde lo lejos, ajena a su cordura ciega.
Puede ser que la memoria sea sólo futuro,
o que el pasado no haya llegado aún a suceder,
puede ser que se mojen otros labios en los suyos,
y que el mañana sea una duda metafísica,
con una incógnita variable, en un cuerpo de mujer.
Puede, o podría ser...

© pokit in a pocket. “memoria filosofal”

Y así cada noche

Y así cada  noche

A Gina le duele la noche. La tristeza, la pena, el dolor, la amargura, la incertidumbre son sus compañeras cada noche a la hora de ir a dormir, y le brotan lágrimaes de hiel en la consigna donde esta guardada su maleta. Gina es rumana y cuando me ve mirándola en un intento de hacerle mas llevadera la vida me dice: "la noche no bueno para mí". No hay luna llena, ni romántica cena a las luz de las velas, no hay reunión de amigos, ni marcha hasta la madrugada porque la noche le recuerda a Gina ojos de cielo que sus hijos duermen bajo otras estrellas, que mil puertas se cierran y que la ventana está muy alta y muy lejos como para que importe si está abierta; la noche le trae a la memoria 15 años de vida con un esposo alcohólico y ahora le duele una cama individual y se angustia de soñar un imposible. "No puedo evitar", es lo último que dice y yo en vano trato de levantarle el ánimo con la promesa de una foto. Y así cada noche.

Recuerdos .

Recuerdo, si es que el recuerdo existe, su voz grave y acariciante que quedaba prendida en la memoria como el tacto aterciopelado de un ala de mariposa. Recuerdo, aun existiendo el recuerdo podría no recordar, el abrazo de sus ojos que besaban todo aquello en que se posaban y hacían florecer los cerezos y las rosas con su calor de primavera. Recuerdo, aunque querer recordar ya es mentir un poco, el tacto de su piel a espuma de mar, vibrante, inasible, refrescante, nueva, una piel que apetecía beber. Recuerdo también, porque si el recuerdo existe y recuerdas cómo no recordar -aunque te mientas-aquello tantas veces deseado, su forma insinuante de caminar, siempre al ritmo de una música de la que sólo ella tenía la partitura pero que yo oía , escuchaba, palpaba, caminaba haciendo el amor con esa tierra que parecían no rozar sus pies descalzos. A mi pesar recuerdo y ojalá pudiera no recordar, pues cuando el recuerdo existe apenas podemos distinguirlo de lo tantas veces presentido , o temido, la última vez que la ví : andaba silenciosa bajo la luna llena de Diciembre, los ojos secos, la piel marchita, arrastrando los pasos con la triste cadencia de una marcha fúnebre que sonó a mis oídos tan clara como el aullido de un fiera enloquecida , y sin detenerse ni mirar atrás una sóla vez anduvo el retorcido sendero hasta el acantilado . Cuando sus pies alcanzaron el vacío la placidez de su sonrisa hizo palidecer a la luna y yo, consciente de ser el culpable de su amargura , arranqué mi corazón y lo arrojé tras ella al mar, que consiguió convertirlo en arena para día tras día, noche tras noche, acoger la llegada a la orilla de su piel de espuma y suplicar su perdón por toda la eternidad .

Espuma, carne y sal"

Espuma, carne y sal"

Se pierden esta noche las miradas

y sólo arena, sal, espuma quedan.

Mi boca va en tu piel siendo salada,

los muslos en la espuma se te enredan.



Mi aliento, en torrenciales llamaradas,

recorre la extensión en que se hospedan

hervores de clavel y aguas labradas,

que en lágrimas de luz nacen y ruedan.



Las olas reproducen en su danza

cadencias de pasión de nuestras pieles.

Espuma, carne y sal, la mezcolanza

que invade nuestras bocas ya crueles.



La arena se nos come la figura

al tiempo que escribimos con la espalda

palabras de imposible curvatura,

que pronto el sol vendrá a teñir en gualda.

Anoche me abracé a tu sueño

Anoche me abracé a tu sueño

El último tango montevideano

El último tango montevideano

“...y te dirán, sin duda, su fatiga
del amor fiel o la pasión mendiga,
su falta de esperanza o de sorpresa”

”Compañero del alma, compañero...” así terminaba el penúltimo capítulo del libro que estaba leyendo. El cielo estaba plomizo, una brisa fresca se colaba por la ventanilla.
Los ojos se le llenaron de lágrimas y no supo por qué. Tal vez por anhelar a ese compañero del alma.
A medida que los años transcurrían, las ilusiones se desvanecían más rápidamente. Como la piel gastada que se descama con el tiempo; al igual los anhelos se iban desvaneciendo. Dejando un sabor amargo en el cielo de la boca y un dolor punzante en el alma.
Se preguntó una vez más, cuáles serían los errores que cometía. Y continuaba sin encontrar respuestas.
Un frenazo repentino, la trajo a la realidad. De pronto le pareció que los transeúntes, se habían contagiado por las inclemencias del tiempo, grises, sin vida. ¿Ella también se vería así?
Salvo por el pañuelo rojo y rosa que llevaba puesto y le daba un tinte de color al negro de su atuendo, se sentía oscurecida.
Respiró hondo y decidió darle un giro a su cotidianeidad. Se bajo del autobús. No sabía muy bien en que lugar se encontraba.
A pesar que era el trayecto que hacía regularmente a su trabajo, hoy todo le parecía desconocido y extraño. Como si por primera vez estuviese transitando esas calles.
Quiso sentirse extranjera en su propia ciudad. Caminaba sin rumbo fijo.
Entro a un bar. Mientras esperaba que la atendiesen observaba a los parroquianos del lugar. Sentado en la barra había un joven de unos 23 o 24 años, bebiéndose un whisky, lo cual le llamó la atención dado la hora del día ya que supuestamente estaría en horario de trabajo.
El joven era alto, rubio de ojos claros, cabello largo, ondulado, tenía un cuerpo atlético.
Se sintió identificada con él, ya que ambos parecían ser los únicos que estaban de buen humor, disfrutando de la vida.
Se cruzaron sus miradas varias veces e intercambiaron tímidas sonrisas.
En un momento cuando ella levanta la vista, él ya no se estaba más. Una sensación de desconsuelo la embargó. Pidió la cuenta y decidió retirarse del restaurante. Cuando estaba saliendo del local, el joven vuelve a entrar, cruzaron una vez más sus miradas y ella se fue.
En la esquina mira hacia atrás y ve que la seguía; decide entrar en una galería a ver vidrieras y puede comprobar como el joven la acechaba.
La situación la divertía, a propósito se paraba delante de las vitrinas simulando observar lo que ellas exponían, pero su objetivo era contemplar lo que el joven hacia.
Le susurra al oído - que bonita eres - se da vuelta y se encuentra con su sonrisa una vez más. Lo mira, se ríe y continúa caminando.
Él a su lado, empieza a hablarle, le pregunta como se llama y si tiene tiempo para ir a beber un café y así poder conversar un rato.
Sin responderle, le extiende su tarjeta y se va. Al rato suena su celular. Quedo paralizada sin saber qué hacer. Era él. Atendió.
- Pensé que no ibas a contestar.
- Hola. Respondió.
- Estoy en el auto azul, estacionado en la esquina. Te espero.

En la esquina estaba el auto. Otra vez la duda, la pregunta recurrente. Qué es lo correcto y lo incorrecto. Cuántas veces, se había sentido con la libertad de elegir, sin tener que dar explicaciones de sus actos a nadie.
Estaba allí, en el asiento del acompañante. Arrancó sin decir nada. Se dejó embriagar por la música del cd que sonaba y nada ni nadie existía.

- Una habitación doble, por favor.
- Aquí tiene, señor, habitación 1004.
- Gracias
Las miradas cómplices suplían las palabras.

Ya era de noche cuando se despidieron en la puerta.
Nunca le pregunto el nombre.
Tumbada en su cama, recordó el film El último tango en Paris.
El no era Marlon Brandon, ni ella Maria Schneider.

Todo un mundo

Todo un mundo

Todo un mundo comienza más allá de las puntas de mis pies. Lo reconozco como mi mundo, y entonces tengo que caminar. Pero por mucho que camine, mi mundo sigue comenzando más allá de las puntas de mis pies. Entonces tengo que correr, pero me canso, y el mundo sigue estando más allá de las puntas de mis pies. Y camino y camino y la arena del desierto está muy caliente, y el hielo del norte muy frío, y el agua muy mojada, y en algún punto del camino descubrí que los zapatos son una mentira, y entonces descubrí que una mentira no puede envolver unos pies, y que la arena del desierto está muy caliente, y el hielo del norte muy frío, y el agua muy mojada.

Mis pies se resienten, pero siguen caminando, y siguen y siguen porque el mundo sigue estando más allá de sus puntas.

Quimeras

Quimeras

Sentado en el cordón de la vereda, mientras encendía un pucho y tomaba el vino tetra; observaba la gente pasar. Todos absortos en sus problemas, pensando seguramente en el trabajo, en las tareas que hacer en el hogar, llevar los chicos al colegio, pasar por la lavandería, ir al supermercado, llamar al mecánico, pagar las cuentas, etc., etc., etc...
En cambio yo, estaba allí sentado, disfrutando el último cigarrillo, asoleándome con los tibios rayos de este sol de otoño y saboreando el único vino que pude comprarme con los veinticinco pesos que me quedaban en el bolsillo. Una sonrisa irónica se instaló en mi rostro, imitando una aparente felicidad.
Felicidad, placidez, alegría, satisfacción, gozo. Adjetivos ajenos. Placeres inventados para los otros, que se los creen. Por ejemplo, esa mujer que va caminando por la otra vereda. Lleva su niño en brazos. El bebé llora. Trata de calmarlo. Lo mece. Lo acaricia. Sonríe simulando un bienestar que no siente. Pero no sería correcto, zarandearlo y gritarle que por favor se calle. Hace meses que solo escucha ese lloriqueo incesante. Días, noches, semanas, que no sabe lo que es dormir ocho horas seguidas. Que no puede ducharse sin tener que salir enjabonada del baño, porque el crío no para de llorar. Al contrario ríe.
Este mundo es un ilusorio. Nada es real. Todo es aparente.
Sin embargo, nos vendieron el sueño. Y nos lo creímos. Lo compramos y jugamos el mejor rol que podemos. Actuamos ser buenos padres. Hijos. Amantes. Esposos. Compañeros de trabajo. Ellos mueven los hilos y como marionetas en un escenario ficticio ejecutamos la obra de la vida.
Yo pude elegir. Soy un afortunado. Quebranté todas las reglas. No fui buen hijo. Jamás me case. Las mujeres solo las uso, cuando ya mi mano cansada de masturbarme me pide un trozo de piel. Nunca trabajé. Bueno...si robar, estafar, jugar con el azar no es un laburo. No trabaje. A mi no lograron engañarme. De esta zafé.

buscando salida

buscando salida

Tras la puerta se encontraba la muerte, silenciosa, a la espera de su momento para entrar en escena. Un engaño al mayor estafador le había llevado a aquella sucia habitación, un nuevo motel en el que intentar salvar un nuevo jaque, cada vez más mate, en el brillo del paso del tiempo. Sobre la mesilla de noche depositó una “Smith & Weason”, la única compañera que no le había traicionado en los últimos diez años. La vista recorría la habitación sin captar detalles, sus ojos se movían con los mismo movimientos mecánicos que mueve un tigre enjaulado, y las diminutas gotas de sudor tomaban, poco a poco, su lugar en la frente. Mientras la espera se imponía, tuvo un momento para recordar lo que se suponía que eran sus cosas, su gente, y se dio cuenta de lo solitaria que era la soledad. Encendió un cigarrillo, que mal apagó acto seguido, y con la sonrisa cínica de siempre, se incorporó de la cama, sacó de una pequeña bolsa de viaje, otra bolsa, más pequeña aún, de la que extrajo un paquete cuidadosamente envuelto. En él guardaba una jeringuilla de cristal, en la que se podían ver las iniciales de su nombre biseladas en letra gótica, aquel era uno más de los absurdos caprichos que habían poblado su días hasta la fecha. Una papelina de heroína, y unas ampollas de agua destilada, eran las compañeras de aquel cohete de cristal con rumbo al edén, que limitaba con su infierno íntimo, y la calma se disolvió destilando más calma por las venas del sueño.
Cuando despertó la noche ya había tomado el relevo al día, las manos mesaron el cabello, como si también necesitara de desperezarse, y un trago de bourbon alertó al resto del cuerpo de lo que estaba por llegar. Fue al cuarto de baño para mojar su cara, el calor estaba cada vez más presente, y la ausencia de la más mínima brisa, hacía que el bochorno quedase suspendido allá dónde uno quisiera ir. La ventana abierta no era remedio, y la cerró, corriendo las cortinas también. No quería que nadie, desde afuera, pudiera ver lo que sucedía entre aquellas cuatro paredes. Repasó las formas del revólver, unas curvas, y aristas, que conocía a la perfección, pero que no dejaba de memorizar cuando sabía que la vida dependía de la voz de aquélla amiga, con cíclope mirada negra. Recibió la visita de la filosofía que habita las situaciones límite, y pensó que podría llegar a ser una de esas hojas secas que viajan montadas en el viento de otoño, aunque supo de inmediato que su estación de destino era el final de una vía muerta.
El sonido de los pasos subiendo por la escalera fue el exilio de aquellos pensamientos, la mano dejó de acariciar el acero finiquito, y se dispuso en letal comunión, con las formas de las que ahora era lecho. Vio sombras a través de la rendija que separaba el suelo, del borde inferior de la puerta, eran dos, situadas una a cada lado, de aquella salida que cada vez era más una entrada a lo definitivo.
Tres manzanas más allá, un niño jugaba a ladrones y policías, antes de irse a dormir...

© pokit in a pocket ch.a.d.t. “Buscando salida”

construcción

construcción
Acércame hasta el límite
de donde soy, y dejo de ser,
para convertirme en tu cuento
contado, apenas, sin letras.
Véndeme el refugio de un verso
en el precio de mi ruina,
y mientras se exilian las horas,
desoigamos las correciones que gritan
para saltar las normas
que te vallan sin cerrarte.
Úngeme con el óleo final de tu principio,
que te cuenta perfecta,
para que sepa el tuétano de la vida
que la brevedad suele ser eterna,
cuando se instala en las afueras
de los países que tienen patria
más allá de tus fronteras.

© pokit in a pocket ch.a.d.t. 2005 “construcción”

la piedra de su amuleto

la piedra de su amuleto

Hice un pacto con Neptuno
y el mar
me dió su fuerza
para llegar a ti.

Inmerso ya,
en la delicia de quien lo tiene cerca,
roza sus labios súbitamente con un cabello desatado.
y así, se imagina junto a ella, una vez más y para siempre
sintiendose solo alma en sus entrañas.

Confuso, iniciado ya en la piedra de su amuleto
queda absorto en el embrujo circular, de sus dedos descalzos
recorriendo sus tobillos.

Llegó el miedo para acercarlos y luego, ¿recuerdas?
mi mano posada en tu cintura
conjugando terminaciones en presente
del verbo siento amor por ti.

Reflexiones dominicales (IV)

1 - Un experimento poco serio

Una lectora se preguntaba, en un comentario a la segunda entrega de esta serie de reflexiones dominicales, si es serio eso de plantear estos escritos como un "experimento". Es serio y no lo es: supongo que cualquier obra literaria es, en cierta medida, experimental: uno se pone a escribir sin saber muy bien qué es lo que resultará de sus esfuerzos. Precisamente, se trata de averiguarlo. En este caso planteo explícitamente el experimento como un juego con mis lectores. Un juego con sus reglas, unas reglas explícitas que trato de cumplir al pie de la letra, aunque no siempre me resulta posible (véase la entrega anterior). De todas formas, estas transgresiones no tienen mayor importancia. El juego, y el experimento, se sostienen en la interacción con el lector, no en las normas accesorias. En fin, se trata de compartir mis textos con quien quiera leerlos de una forma que es nueva para mí, pues normalmente un texto es algo acabado (al menos provisionalmente) cuando se entrega a los lectores.

Aquí, se trata de que los lectores, con sus comentarios y sugerencias, participen en la construcción del texto. Por ejemplo, algunos, comentando también la segunda entrega, han sugerido que limite la extensión de mis textos semanales. Aunque no respondí en la tercera entrega, de hecho sí me propuse limitar su extensión, y en adelante continuaré haciéndolo. La objeción plausible a una medida tal, también expresada por un lector, es que podría frenar mi creatividad. Ignoro si mi creatividad necesita libertad para explayarse o más bien excusas para no hacerlo. En cualquier caso, se me ha ocurrido una idea: trataré de limitar cada entrega al tamaño de la primera (tres páginas aproximadamente), y, si aún me quedan ideas por desarrollar, las apuntaré brevemente en una sección aparte, dejando la posibilidad de desarrollarlas más adelante. De esta manera, no sólo evitaré restringir en exceso mi creatividad, sino que además daré una oportunidad a los lectores que así lo deseen para participar más activamente en el juego que estamos jugando: quien lo desee, podrá dar su opinión acerca del tema planteado, y aportar sus ideas, que yo gustosamente plagiaré... digo citaré.

2 - El humor

El humor atraviesa al ser humano y llega a todos sus rincones. Hay quien nos dice que debemos tener sentido del humor, como si esto no fuera una fatalidad. En más de una ocasión, una broma y la subsiguiente carcajada me han arruinado una indignación cuidadosamente construida. Por supuesto, hay quien lleva la risa a flor de piel, y hay quien la lleva más oculta. Hay todo tipo de risas.
El humor nos atraviesa, y participa de lo bueno y de lo malo. Se puede reír bien o mal. Se puede reír muy mal. El vencedor puede reírse del vencido, y así hacer aborrecible su victoria. La burla es un arma temible, y con frecuencia también es una bajeza. A veces uno ríe para no llorar, cuando lo que debería hacer es llorar. A veces la risa es sólo una máscara que nos separa del mundo y nuestros semejantes.
Pero también se puede reír bien. Es sano, ejercita los músculos de la cara, y seguramente hace otra cosa. Se puede reír muy bien. Me hacen gracia los que recomiendan la risa como hábito saludable, como si tuvieran que recurrir a esos argumentos para convencerme. La risa es un placer único y misterioso, que no puedo comparar con ningún otro placer. Eso me sugiere que hay algo muy profundo en mí que ama la risa, como si estuviera hecho para reír (entre otras cosas). Es algo muy íntimo que a la vez quiere expandirse y tocar al otro: las risas compartidas son una de las formas de comunión más dulces. Todos tenemos grabadas en la memoria risas ajenas que nos resultan especiales, y cuando recordamos tiempos pasados con un amigo, a menudo exclamamos con nostalgia: ¡vaya risas que nos echamos! Uno llega al mundo con las herramientas de la razón y la percepción, y con el poder de la risa. Entonces, un día el mundo se nos vuelve extraño (vamos en el coche con nuestra familia, ¡y qué prisa tienen los árboles, cómo corren hacia atrás!) y la razón no puede aceptar lo que percibimos: entonces, llega la risa reparadora, que reduce el universo a un tamaño humano, que nos acerca el mundo sin necesidad de comprenderlo. La risa también puede ser una comunión con el mundo.

Comunión o escape, risas compartidas o risas solitarias. Locos que ríen sin motivo aparente. Risas moderadas como aconsejaban los clásicos. Risas alegres y puras, o risas amargadas, risas agresivas... Cada risa es un mundo nuevo, un mundo en el que los árboles de pronto echan a correr, ¡y dónde irán los árboles con tanta prisa! Y cada mundo es gracioso, porque suceden cosas como esa, y entonces nos volvemos a reír, y a burlarnos del mundo, y a hacerle cosquillas. Pero también cada mundo es terrible, y entonces se burla de nosotros. Pensando en la risa, no puedo dejar de pensar en la mueca de las calaveras, en su constante burla a la vida. Esa mueca, ese mirar sin mirar y esa sonrisa espantosa, también la llevamos dentro, porque también somos de la materia inerte. Frente a la solidez de la materia, nuestra vida es tan fugaz y elusiva que nos parece sólo un disfraz de la muerte. Pero si es disfraz, es también juego, y el juego es movimiento y vigor y placer, y risa, pero risa desde la vida, muy diferente a la risa hacia la muerte.

3 - Temas a desarrollar

El compromiso del escritor. Ser un escritor "comprometido" se asocia normalmente a un compromiso social o político, y hay quien dirá que eso no está de moda. Sin embargo, ¿se puede escribir sin algún tipo de compromiso? ¿Y qué tipo?

Un tema que habrá que tratar en breve: las letras de las canciones del verano, levanta una manita, mueve la cadera, echa la cabeza a un lado, date media vuelta y vuelta a empezar, haz esto, haz lo otro, y todos a bailar: ¿nostalgia del fascismo o rito? Las letras de las canciones del verano desde un punto de vista literario.